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Ciencia y Tecnología

Warlhom: tecnología de F-1 para una marca para la historia

Las zapatillas del noruego cuentan con una placa de carbono diseñada por los ingenieros de Mercedes

Antes de agacharse en los tacos, la rutina de siempre, fuertes cachetazos en la cara y en los muslos que le dejan la piel colorada y dolorida, una técnica de activación que usan muchos atletas y que, según algunos estudios reporta algunas centésimas de ventaja siempre, y hasta décimas. Después, desde los tacos, salida fulminante. Tiempo de reacción: 145 milésimas, extraordinario, al nivel de un velocista de 100m o 200m (el tiempo de reacción de Marcell Jacobs en la final de 100m: 160 milésimas).

Después, un visto y no visto. Unos clavos Puma EvoSpeed Future Faster con una placa de carbono desarrollada por ingenieros del equipo de fórmula 1 de Mercedes. Sin espumas ligeras, como las de la competencia, sin aire encapsulado, sin muelles, una tecnología que arrasa y que le disgusta al noruego Karsten Warholm, que bate el récord mundial de los 400m vallas (45,94s). “Si corres sobre un trampolín es una basura, es algo que quita credibilidad al atletismo”, dice. “Entiendo la espuma en carreras de medio fondo o fondo, almohadillas para los pies, pero nunca en velocidad”. También el brasileño Alison dos Santos, el medallista de bronce, corrió con zapatillas más o menos tradicionales (unas Adidas Adizero Finesse Tokyo), mientras que el segundo, Rai Benjamin, calzó unas de las de las espumas mágicas, unas Nike Air Zoom Maxfly. Trampolines sobre una pista Mondo que algunos especialistas califican a su vez de trampolín, por la cantidad de energía que devuelve en cada pisada, y su escasa absorción. “Sí, es muy rápida”, dice Benjamin. “Pero que venga quien sea, cualquiera, que vengan Kevin Young o Edwin Moses, respeto para ellos, pero seguro que no corren como hemos corrido nosotros ahora”.

La empresa italiana fabricante en Alba, Piamonte, del material sintético de la pista, dice que se tiró tres años investigando y experimentando con diferentes tipos de cauchos hasta dar con la superficie que más gustara a los atletas, y la añadió unos gránulos especiales para conseguir el máximo retorno de energía, un 2% más que el modelo azul de Tokio. Y los atletas dicen que más que correr, botan.

Y 45,94s después, un récord del mundo que se anuncia eterno y un entrenador, Leif Olav Alnes, de 64 años con el pulso desatado. No hay síntoma más evidente, dicen los que conocen la frialdad emocional del técnico que forma a Warholm desde hace seis años, un témpano. “Es la primera vez en la vida que le veo con taquicardia”, bromea Warholm. “Creo que de alguna manera hoy estaba un poco impresionado”.

Otra señal de que el 400m vallas de Tokio 21 puede ser considerado como la madre de todas las carreras: el papelón de Rai Benjamin, el neoyorquino de 25 años que terminó segundo, el atleta que, como titulaba rápidamente el Wall Street Journal, había batido un récord del mundo y perdido una carrera. “Si alguien me hubiera dicho antes que iba a correr en 46,1s e iba a perder, seguramente le habría dado un buen puñetazo y le habría echado de la habitación”, se lamenta el atleta que, si no se cumple la profecía de Kevin Young de que estaba preparado para bajar de los 46s, pasará a la historia como el mejor de los derrotados jamás conocido. Casi como el Carl Lewis del concurso de salto de longitud derrotado en el Mundial de Tokio 91 por el Mike Powell que dejó el record del mundo en 8,95m. Y a Benjamin le habría ayudado en la tarea el brasileño Alison dos Santos (46,72s), que también superó el récord olímpico de Kevin Young, récord mundial hasta julio pasado.

Más señales de lo extraordinario. Según la tabla de registros de la federación internacional, solo los 9,58s y los 19,19s de los récords de los 100m y los 200m de Usain Bolt en Berlín 2009 tienen más valor que los 45,94s del noruego. Comparado con las demás distancias de carrera, lo de Warholm puntúa mucho más: equivale a 42,75 en 400m (récord actual, 43,03s), a 12,56s en 110m vallas (12,80s), a 1m 39,79s en 800m (1m 40,91s), a 3m 23,39s en 1.500m (3m 26s), a 7m 42,59s en los 3.000m obstáculos (7m 53,63s), a 12m 25,21s en 5.000m (12m 35,36s), a 25m 50,26s en 10.000m (26m 11s) y a 2h 20s en maratón (2h 1m 39s).

El resto lo pusieron los atletas, su técnica y su velocidad, su deseo, y el calor y la humedad de la atmósfera de Tokio cargada de partículas eléctricas tras las tormentas que la empapan diariamente. Michael Johnson 76 centésimas menos que su anterior récord del mundo, tres cuartos de segundo, un mundo, alucina también. “¡45,94s!”, tuitea el atleta tejano que durante años mantuvo los récords del mundo de 200m (19,32s) y de 400m (43,18s). “Eso es romper su propio récord del mundo por 0,76 segundos. “¡Una de las marcas más impresionantes en la historia del deporte!” Y lo consiguió en una final olímpica. Como para no acelerar el pulso de hasta los más serenos.

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